

La iglesia católica se empezaba a llenar de seminaristas y curas tercermundistas que hablaban de un Jesús de los pobres y ponían en discusión hasta el celibato. Los fósiles de los partidos políticos tradicionales no podían contener a sus propias juventudes, tanto el PJ con las organizaciones que conformarían “la tendencia” como la UCR con cuadros como Sergio Karakachoff, todos ellos buscando grietas, nichos desde donde crecer y copar.
En búsqueda de uno de estos nichos es que se cruzan actores de variadas procedencias allá por el 68’. Una noche, en una reunión social en la casa de la Piri Lugone -quien pasaría a la historia no solo como intelectual sino también como militante montonera- se encuentran Jorge Álvarez -un editor de libros políticos y fundador de ediciones de la Flor- y el estudiante de secundario Pedro Pujó. Éste tenía como objetivo presentarle a Álvarez unos invitados: José Iglesias, quien sería conocido más tarde como “Tanguito”, y los tres integrantes de una incipiente banda de Blues que luego se llamaría “Manal”.
Esa noche Jorge Álvarez escucha por primera vez a Tanguito, y Javier Martínez, de Manal, le muestra un tema que estaba componiendo, cuya letra dice “Amanece, la avenida desierta pronto se agitará. Y los obreros, fumando impacientes, a su trabajo van. Sur, un trozo de este siglo, barrio industrial”. Era “Avellaneda Blues”, el primer himno del blues argentino.
Al poco tiempo Álvarez se embarca con Pujó en la fundación de “Mandioca”, el primer sello de música independiente de la Argentina. Para esta empresa Pujó suma a algunos de sus ex compañeros del Nacional Buenos Aires. Para la organización de recitales y festivales contaba con Mario Rabey, fundador de la juventud peronista en ese colegio. Un año antes, junto a Pipo Lernoud, Rabey había organizado el histórico Día del Estudiante en Plaza San Martín, al que convocaron a "todos los jóvenes con nuevas ideas y pelos largos".
Mandioca representa el primer triunfo irreversible del rock nacional, que trasciende más allá de su propia duración. En sus pocos años de vida el sello publica discos y organiza recitales de Manal, Tanguito, Miguel abuelo, Moris y Vox Dei entre otros.
La masificación del rock cuenta también con la revista Pinap (predecesora de Pelo) que además de difundir esta primera oleada de bandas, se destaca por organizar festivales y recitales.
Sería impensable que la primera generación de nuestro rock hubiera alcanzado alguna masividad sin estos emprendimientos y fue por eso que existieron. No hubo nada de inocente en estas gestas, y fueron modelo para las inmediatas experiencias de consolidación como movimiento cultural. Un movimiento que había dejado rápidamente atrás su etapa de marginalidad y se multiplicaba en lo cuantitativo -bandas y público- y en lo cualitativo, ya que otros grupos cobraban relevancia como “Arco Iris”, “Alma y Vida” o “Vox Dei”, enriqueciendo así la movida desde distintas influencias.
En la nota anterior contábamos que esta primera irrupción de nuestros rockeros sucede aproximadamente entre el ‘66 y el ‘71, y en gran medida navega en el humor social y político de esa generación. No es de extrañar por ello que 1971 fuera un punto de quiebre en ambos ámbitos.
La dictadura de Lanusse, en su punto agonizante y cercada por las organizaciones populares, anunció el Gran Acuerdo Nacional (GAN), que proponía elecciones libres y sin proscripciones a llevarse a cabo en 1973. Era una forma decorosa de rajar. Claro está que los jóvenes enrolados en las distintas organizaciones revolucionarias estuvieron lejos de acordar con el gobierno de facto: la dictadura se iría echada a patadas, sin acuerdos ni negociaciones.
La mano venía pesada en la política y por lo tanto en el rock. Por eso, uno no podría imaginar mejor nombre para una agrupación –“banda” le queda chico- de rock nacida en esos años: “La pesada del rock & roll”. Junto a su líder Billy Bond, endurecieron nuestra música y la cultura joven. Con las bandas fundacionales ya disueltas y con la quiebra de Mandioca Records, “La Pesada” tomó la posta y llevó al rock nacional a la siguiente etapa. Por su itinerante formación pasaron Spinetta, Pappo, Javier Martínez (ex Manal), David Lebón, Claudio Gabis (ex Manal), Alejandro Medina (ex Manal), Pedro Aznar, Kubero Díaz (antes de Los Abuelos de la Nada) y sigue la lista.
Sonaron como había que sonar: fuerte. De otro modo, con el ruido de la época, ¿quién te iba a escuchar?
- Está en las calles y su imagen es pura pasión. No calza caño, es presa fácil de someter.